El hombre se prepara para tomarel primer mate. Su secretario,Alberto Kaleñuk, se lo acerca. Hojeael diario y, desde las escaleras,baja Sara, su hija. "Papá, ¿viste loque hizo Chávez anoche?". La sonrisade José Alperovich asentía elcomentario. Se fue a dormir contentopor el triunfo de su "decano".Soñó con el gol convertido a Instituto.
Ayer hojeaba LA GACETA ycomentó que a Cristian Chávez debiópremiárselo con un 10. Así,muy temprano, a las 8.30, Alperovichrecibió la jornada en la quepronunció su octavo discurso deapertura de las sesiones ordinariasde la Legislatura como gobernadorde Tucumán.Sara Alperovich mira hacia lamesa de la cocina; encuentra eldiario abierto en la página 6 y exclama:"mirá papá, qué distinto estásen esa foto del diario". Lo abraza.A un costado, el ministro de DesarrolloProductivo, Jorge Gassenbauer,ironizaba sobre el nuevo Alperovich."Hasta los psicólogos hablarondel José sin bigote", apunta.Alperovich se levanta. No tieneapuro. Ni siquiera repasó el discurso.Afuera, en la calle, una docenade custodios preparaba el terrenopara la caminata del gobernador,desde la sede del Ejecutivo hasta laLegislatura.
"Hay mucha gente reunida",se escucha a un oficial desdeun handy. Adentro de la residenciaprivada, el gobernador se acomodaen el living y recibe a LA GACETA."Sigo siendo el de siempre y con lamisma consigna de siempre: no fallarlea la gente", contesta cuandose le pregunta qué cambió en éldesde aquel primer discurso de2003, cuando asumió como gobernador."Soy un agradecido de la gente",insiste, y acota: "sin el apoyo de lostucumanos me hubiera sido imposiblehacer las cosas que estamosejecutando para la provincia".El mandatario recuerda que, haceocho años atrás, le dolía quecualquier persona le comentaraque Salta era mejor que Tucumán."Ojo, a mí me encanta que a Saltale vaya bien, pero lo que quieropuntualizar es que mi sueño es elde un Tucumán distinto; para esotrabajo, para que cada uno de sushabitantes se sienta orgulloso devivir en esta bendita tierra".Agregaque es lógico que la gente de afueranote más los cambios que aquellosque viven en la provincia, quele reclaman más acciones a los gobernantes.Alperovich dice que sugestión madura con los reclamosde la sociedad.
"Está pasando el períodoen el que había que mejorarlos edificios para dar más salud,más educación y más obras públicas",puntualiza. Reconoce que, amedida que transcurre el tiempo,la sociedad es más exigente en susdemandas. ¿Cómo cree que lo recordarála historia?, se le consulta."Quisiera que me recuerden comoalguien que cambió Tucumán", respondecasi al instante.Y vuelve a lacarga con la necesidad de que elsector público y la actividad privadatrabajen en sinergia con el finde brindar mejores servicios a lapoblación. "Insisto: el cambio ya noes edilicio; ahora debemos apuntarhacia una mejora del empleo, haciaun desarrollo de la actividad privadapara que la economía dependamenos -por ejemplo- del empleopúblico", manifiesta.
Alperovich vuelve a tomar unmate. Espera, pacientemente, lahora de pronunciar su discurso antela Legislatura. Luego vendrá eltiempo del descanso. Será desde eldomingo, y por una semana, en unviaje que lo llevará, según proyecta,a las paradisíacas playas dominicanasde Punta Cana.